Dr. Abraham Capadose

El Dr. Abraham Capadose, nació en Ámsterdam, en 1795, de familia portugués, murió allí en diciembre, del 1874. Está es su autobiografía , cuál envío a su amigo, Ridley Herschell, en Londres:

“Ya no demorare, amigos queridos, en complacer su petición, en que les comunicara por escrito el modo que le agrado a Dios, conducirme a Su conocimiento, y como me saco de la escuridad, y me guío a Su maravillosa luz”.

“Estando profundamente sensible, sabiendo que no fui yo quien busco a Dios, pero que Dios , en su compasión me busco a mi, cuando perdido estaba. Seria modestia falsa, si ahora niego en informarles este caso que, cuando comunicado verbalmente, le intereso y edifico a muchos amigos queridos, quien entonces encontraron el gran amor del Salvador, así aun pobre pecador como yo, y de este modo le atribuyeron toda la gloria a Él, cual nombre, por siempre será bendecido. Qué esta gloria sea el único objetivo que yo tenga en perspectiva, en este caso!. Siendo así el deseo sincero de mi corazón; y le pido a Dios que dirija mi pluma en la verdad y sinceridad; que yo me mantenga lejos de todo auto egoísmo, en que la necesidad de hablar de mi mismo, me traicione”.

“Aunque por nacimiento yo era israelí portugués, yo, de ninguna manera era entusiasta por la religión de mis padres. Mi educación era mejor dicha, más de moralidad que de religión; y aunque, educado a odiar vicios, y amar lo que el mundo llama virtud, lo debo enteramente a la gracia de Dios, que en un período después, me preservó de la impiedad abierta”.

“Desde muy temprana edad, estuve cautivado por la ciencia y la literatura. Me encantaban los bailes, las obras de teatro, y cada diversión del mundo; pero el estudio me daba todavía más satisfacción. Me puse al corriente de las obras de Voltaire y Rousseau, en una época temprana de mi vida; pero sus principios falsos, y aun más, las consecuencias espantosas de su sistema, cuando manifestada ante mis ojos en la historia de la Revolución francesa, me preservó la misericordia divina, de su influencia dañosa. Mis padres, al haberme destinado a la profesión medica, yo consideré mi deber, adquirir el conocimiento que se requiere para este llamamiento; pero me sentí más inclinado al estudio de ciencia teórica, y por investigaciones de filosofía”.

“Mis amigos eran todos jóvenes que hicieron una profesión externa de su cristianismo; pero el Señor me había regalado un amigo dentro de mis parientes cercanos. Al ser los dos Israelíes, y siendo confidentes desde la infancia, nuestras perspectivas en todos los temas, eran similares. (El doctor Capadose, aquí procede en declarar sus relaciones con Bilderdyk, que viene siendo el mismo concepto por
Da Costa). El elemento religioso, si puedo llamarlo como tal, no a entrado todavía en mi alma. En mi infancia, es verdad, yo a menudo sentía la necesidad indeterminadamente de rezar; y como a los nueve años, le pedí a mis padres que me regalaran un libro de rezos, en el lenguaje francés o en holandés, así los entendería mejor. Yo frecuentemente anime a mis hermanos y hermanas que hicieran lo mismo; y esto era aún más extraordinario, siendo que casi nunca veía a nadie en casa de mi padre, abordado en oración. Desde ese tiempo, en medio de todos los cambios externos en mi vida, yo nunca omití la realización de este deber; y hasta mi conversión a la cristiandad, constituyo toda mi adoración religiosa. La oración que usé termino con estas notable palabras: ‘Yo espero por Tu salvación ,O Señor “!. Yo e preservado el libro que lo contiene, y nunca deje de desempeñar ese deber, sin sentir adoración por la bondad de ése “ Dios de mi salvación “, quien a condescendido a conferir sobre mi, en una edad madura, la bendición que el niño de nueve años, casi sin saber lo que pidió, no fallo en solicitarle a Él, cada noche antes que él se acostara a descansar”.

“Durante el periodo en que yo estaba comprometido a mis estudios, sentía de vez en cuando, unas emociones muy extrañas. Una pobre señora cantaba salmos en las calles, los sábados por la tarde, para entusiasmar la compasión de los que pasaban; y más de una vez, e dejado de leer mis libros, para escucharla, dominado por las emociones que no puedo comprender ni describir. También en el teatro, cuando la obra de José en Egipto fue representada, mis lagrimas fluyeron al oír la oración de la mañana, cual fue imitada en hebreo. A la sinagoga, sin embargo, todavía iba frecuentemente por cuestiones de decoro, nada tenia el menor poder que me interesara. Al contrario, las ceremonias sin sentido cuales no apelaban al corazón, al querer reverencias, el ruido de gritos, los cantos disonantes, y últimamente, el empleo de un lenguaje, en que tres cuartos de los fieles no entendían una sola palabra, me repugnaba tanto, que deje de asistir con regularidad, siempre e teniendo una gran aversión a la hipocresía”.

“Mientras tanto, como si el tentador había previsto lo que después pasaría, el nos persuadió a mi amigo y a mi, a cambiar nuestro modo de vida. No nos gustaban las medidas a medias, y no soportábamos el judaísmo moderno que escoge a su placer, dispensar los requisitos de la ley Mosaico; entonces, nuestra solución fue convertirnos en Israelí efectivamente, observando rígidamente todas las obligaciones de la ley, así, de este modo obligando a los cristianos abrigar un alto respeto a la religión judía. Orgullo nacional no era nuestro motivo mayor. En este espíritu, y con estas perspectivas, empezamos a leer la Biblia diligentemente. Pero, ah! La vergüenza y la desdicha de un corazón no convertido! No pudimos llegar más allá de Génesis. Constantemente burla y chistes, y muchas veces blasfemia( Señor, no entres al juicio con nosotros) estaba en nuestros labios en vez de estar rezando; de modo que yo largamente le dije a mi amigo que era mejor abandonar nuestras lecturas juntos, que portarnos de esa manera”.

“Así, nuestro plan propuesto se esfumo. Mi trimestre de estudio casi estaba terminado. Esto era en 1818. Recogí mi titulo en medicina y me fui de la universidad, y regresé a mi ciudad nativa, Ámsterdam, lleno de esperanza para un futuro brillante. Yo tenia un tío allí, era uno de los primeros médicos en Holanda, un hombre sabio, y muy estimado por las familias principales. Al no tener hijos, él me llevo a su casa y me adoptó como su hijo y su sucesor. De ese modo fui inmediatamente presentado a un gran circuló de personas; buenas y respetables, es verdad, pero con quien la cristiandad era una simple expresión externa y acompañada por una vida totalmente mundano. Ninguno de ellos, nunca me hablo del tema de la cristiandad. Hasta e oído a mis joven amigos, alardear de sus infidelidades, y hablan del Señor Jesucristo sin reverencia. Una vez les expresé mi asombro en este asunto, y dije,” que aunque yo no creía en Jesús, yo pensaba que esos que lo alababan , y que no lo consideraban que fuera Dios, y que eran simplemente idólatras. Un medico joven que estaba en la fiesta, quien después fue convertido así a Dios, me dijo algunos años después, la vergüenza que sintió en ese tiempo, cuando recibió tal reproche de un israeli”.

“En medio de constante trabajo, en la búsqueda diligente así al conocimiento científico, yo todavía sentía un vacío doloroso dentro de mi. Desde mi niñez, fui sometido a una tremenda opresión en el pecho, cual me causó muchas noches en blanco; y en estas horas en que estoy completamente despierto, con frecuencia, pienso, “¿ Porque estoy yo, sobre la tierra?, ¿ Porque fui creado un hombre? ¿ No fuera yo mil veces más feliz, si fuera yo uno de los animales más bajo? Entonces no tuviera yo que soportar lo que ahora sufro en mi cuerpo y alma”. En llanto a menudo, pedía que “Este día fuera mi ultimo”! Pero esto no me preocupaba por mis pecados, sino me hubiera estremecido en solo pensar en mi muerte; yo estaba bajo la carga y maldición de mis pecados, sin saberlo, o sin buscar el remedio”.

“Un día fui de visita con un amigo quien se había casado recientemente. Él acababa de recibir una carta de parte del celebrado profesor que mencione anteriormente. ¿ Te gustaría que te la lea, ‘dijo él, incluyendo unos versos hermosos dirigidos para mi?. Yo con mucho gusto acepté su propuesta. El verso, en cual él describía, con sentimiento y poder, la esperanza gloriosa de Israel, concluyo con estas palabras; “Amigos, sé un cristiano, y yo moriré contento”. A estas palabras, cuales él pronunció en voz baja, despertó mi indignación; mi amigo, me pareció, le causo menos conmoción de lo que le había de ver causado. ‘ Cuídate’, le dije, ‘Hay un plan colocado para seducirnos’. Me fui en seguida”.

“Esto estuvo en mi mente , el resto del día. Yo no podía imaginar como un hombre con tan profundo aprendizaje podía creer en la religión cristiana. Desde ese día, sin embargo, ambos mi amigo y yo mismo, empezamos atentamente a examinar la palabra de Dios; y cuando caminábamos juntos, hablábamos sobre las Sagradas Escrituras que nos causaba mayor impresión. Habiendo empezado con el evangelio de Mateo, fue impresionante para mi percibir, que hasta ahora, la búsqueda de subvertir la autoridad del Antiguo Testamento, él lo hizo el base, de donde edificar el evangelio de Cristo”.

“Mi amigo y yo pasamos meses así, cada día más interesados en muestras investigaciones. A lo largo, con pensamientos y emociones muy diferentes a las que nos poseían anteriormente, otra vez determinamos leer las Sagradas Escrituras juntos. Con este propósito, nos retiramos a un cuarto en la casa de mi padre; y nunca podré pensar en la emoción en estas horas sagrados que pasamos juntos, como si en la presencia del Dios de nuestros padres. Nuestro interés escaló con nuestro procedimiento. Mi mente, mortificada con especulaciones en vano, ahora ve un nuevo campo ilimitado abriéndose delante de él, a cual era irresistiblemente atraído; y de este modo, antes de que yo hubiera oído de este amor electivo de Dios, yo había sentido el poder que Él usa para atraer a esas almas así a Dios. Cuales Él designo bendicir. Este estudio de la palabra de Dios, se convirtió en grande, el deseo más urgente en mi alma. Simplemente, saber la verdad, no me dejo satisfecho: yo sentía que necesitaba poseerla, y vivir en su sustancia. Yo no comprendía en ese entonces, el trabajo que estaba surtiendo dentro de mi; pero yo en momentos ocasionales sentía un placer surgir de la convicción que la asistencia y protección divina acompañaba el curso yo que seguía”.

“Una noche, leyendo el capitulo cincuenta y tres de Isaías, me asombro con su parecido con el informe de el sufrimiento de Cristo, que había leído en los evangelios, que pensé que había tomado otra Biblia en cambio de la mía; apenas siendo capaz de creer que este capitulo, cual posiblemente puede titularse verdaderamente un abstracto de el evangelio, estaba realmente en el Antiguo Testamento.”Como, pensaba yo, puede cualquier judío, después de leer este capitulo, dudé de que Jesucristo es él Mesías! ¿Cuándo surgió esta gran convicción? Yo había leído este capitulo antes; pero ahora lo leía con la luz del espíritu de Dios. Desde ese momento, yo reconocí que Cristo era el Mesías prometido, y esto le dio un carácter totalmente nuevo a nuestras meditaciones sobre la palabra de Dios. Era el amanecer de un día glorioso para nuestras almas, la luz que crecía aun más y más, iluminando nuestra mente, haciendo entrar en calor a nuestros corazones y hasta entonces, otorgándonos consolaciones inexpiables. Muchas de las enigmas de la vida, cuales hasta ahora me confundían y angustiaban, ahora eran explicadas; todo parecía reanimarse a mi alrededor y el objeto y interés de mi vida, habían cambiado totalmente. ¡Días felices, estoy lleno de alegría por una sensación de presencia del Señor! Nunca olvidare estos días!

“ Estoy seguro que por divina dirección, que yo y mi amigo no le revelamos a nadie lo que pensábamos; y que nos enceramos al estudio de la palabra de Dios dejando de lado todos los otros libros menos el de “Defensa de la fe cristiana”, del autor Heydeck. Este hombre sabio a sido un rabino en Alemania, y habido adherirse a la Religión Católica, lo hicieron profesor de las lenguas orientales en Madrid. Este libro, escrito con gran talento, y mucho conocimiento de las Sagradas Escrituras, en defensa de la cristiandad contra el racionalismo. Su examen fue útil para nosotros en dos maneras; encontramos la lógica poderosa con cual él combatió los argumentos de Voltaire y Rousseau, lo abandonaron totalmente, cuando él intentó defender al papismo contra las doctrinas de la Reformación”.

“Cada vez que tuviera tiempo libre por la mañana, me enceraba para leer la palabra de Dios, porque no me atrevía a leer con detención en la presencia de mi tío. Un día, estuve considerando en particular la siguiente Sagrada Escritura en Isa. 7:14, ‘La joven virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará Emanuel. Al bajar las escaleras, me encontré con un médico judío, un amigo de mi tío, esperándolo en la antesala. Él estaba volteando las paginas de una nueva edición de la Biblia. “Allí, dijo el, Es un pasaje fatal que no podemos fácilmente luchar con los cristianos”. Era exactamente el verso con cual yo había estado meditando. Mi alma estaba profundamente conmovida, y otra vez percibí la mano guía de mi Dios. ¿ Porque, entonces, no confesamos la verdad?, fue mi respuesta”. Mi tío entró, y pregunto de que tema estábamos discutiendo. El médico le informó; sabiendo muy bien, el conocimiento que mi tío tenia en las escrituras rabínicas, le pregunto lo que pensaban los rabinos, sobre este verso. “!Desgraciadamente!’ dijo mi tío, es solo un montón de tonterías”. Con mi corazón latiendo escuché a esta confesión; y interiormente le di gracias a Dios por haberme permitido oír esas palabras de los labios de uno, a quien la enseñaza rabínica lo habían considerado la autoridad por los judíos”.

“Todas estas diversas circunstancias me convencieron más y más que la verdad es encontrada solo en el cristianismo. No podía estar satisfecho con solo saber, yo anhelaba amor. Entonces era la suma de justificación derramada en nuestros corazones, no solo la luz que ilumina, pero el calor de la cordialidad apresurada que permite al alma vivir la vida de Dios. Yo vi, que amor, fue lo que dirigió al Salvador a buscarme. También me di cuenta de mi pecadora y miserable condición; pero este sentimiento parecía ser absorbido en la sensación del amor de Dios. En Cristo encontré mi vida, el centro de todos mis pensamientos y afectos, el único objeto que llenaba el hueco en mi corazón, la llave de todos los misterios, la mayor de todas las filosofías de verdad, si , la verdad misma”.

“Diariamente sentía la necesidad más y más de confesar abiertamente mis sentimientos. Yo puedo apuntar, a la gloria de Dios, con la certeza de perder una propiedad considerable, si me declaro un cristiano ( cual evento se a confirmado), nunca por un momento, entro en los escrúpulos que me causaron indecisión. Tenía miedo del efecto de la revelación a mi pariente cariñoso, y quien me había tratado como a un hijo; y quien tiene un temperamento colérico que puede producir una impresión que, a su edad avanzada, puede ser fatal. Sin duda, si mi fe hubiera sido más fuerte, hubiera roto cada obstáculo; pero solo podía sufrir en silencio, al mismo tiempo rezando en serio, a Dios, que viniera a mi rescaté, y que abriera un camino ante mi”.

“El Dios de misericordia respondió a la voz de mis suplicas. Era el costumbre de mi tío, de leer el periódico a voz alta después de la cena. Un día cuando estaba sentado de frente de él, en un estado de gran rechazo, él leyó las siguientes noticias de Hamburgo. “Acabamos de ser testigos de un evento muy interesante. Un rabino, después de ver anunciado a sus compañeros de co-religiosidad en la sinagoga, que una investigación atenta de las profecías, lo habían convencido el Mesías ya había venido, haber echo una confesión de su fe cristiana, fue bautizado unos días después en esta ciudad, y fue recibido como un ministro del evangelio. “Al leer esto, mi tío expresó las siguientes palabras, y por la posición en que yo me encontraba, lo considere extraordinario; “ Si este hombre a actuado por interés propio, es digno del desprecio: pero si fue por convicción, él debería ser respetado’. ¡ O, cristianos ! Ustedes quien pueden simpatizar con los sentimientos de los que piensan igual que ustedes, ¿ necesito yo describirte lo que pasa por mi mente o espíritu en este momento solemne? En un transporte de alegría, caí en el cuello de este vulnerable hombre viejo, diciéndole, ‘Si’, tío, es Dios quien te hace sentir así, quiero que sepas que a quien tu amas con la ternura de un padre, esta en el mismo caso que este rabino! Pronuncie estas palabras con tan violenta agitación, y en un tono tan poco común, que mi pobre tío pensó que yo había pedido el juicio. Él salio del cuarto por unos minutos, como para que yo me calmara; y a su regreso empezó hablar de otro tema”.

“ Yo podía ver que aunque mi tío estaba molesto por lo que había pasado, él no le dio la importancia que merecían mis palabras. Yo por lo tanto resolví , después de fortalecerme en Dios, de hacerle la misma declaración el día siguiente. Él ya no podía cerrar los ojos, a lo que había sucedido; y resulto con una escena desgarradora en su alma. Se golpeaba el pecho, lamentándose de ver nacido, y exclamó, en el rencor de su alma, que yo le iba a llevar a la tumba, a su pelos canosos, por tantas penas. Sus reproches me llegaron al corazón; pero el Señor me dio fortaleza y consuelo y me permitió demostrarle al querido viejo, tal semejante huellas de ternura, a medida que, algo lo tranquilizaba”.

“Cuando mi familia supo del cambio, al principio fueron gentiles con lo que me decían, con la esperanza de que estas nociones nuevas, fueran pasajeras; pero dándose cuenta que mi audacia crecía, y arriesgándome a predicarles el evangelio, recurrieron a maltratos crueles. Era una temporada de pruebas muy profundas para mi alma. Con esta situación incrementó el deseo ardiente de confesar a Cristo públicamente. Mi familia deseaba que yo me fuera a Alemania, o cualquier otro país, para este propósito; pero yo me negué, para que no parezca que yo estaba avergonzado de el paso que yo estaba por tomar. Mi amigo y yo, a lo largo nos decidimos en Leiden, como el lugar donde recibiríamos nuestro bautismo. El 20 de octubre , de 1822, era el día tan deseado, en que fuimos admitidos como miembros de la Iglesia de Cristo. Hincándome en la presencia de la congregación, ante el Dios de nuestros padres, quien es el Dios verdadero- El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. Teníamos el inexpiable gozo, aunque fuéramos pecadores indignos, al confesar ante la iglesia cristiana, el nombre bendito de ese gran Dios y Salvador, quien había venido a buscarnos y a salvarnos cuando estábamos perdidos.! A Dios sea la Gloria”!

Entre las escrituras del Sr. Capadosé, las de más notabilidad son : (1) “Aan mijne geloofsgenooten in de Ned. Gem.” La Haya, en 1843. (2)”Overdenkingen sobre Israel en Toekomst,” Ámsterdam, 1843. (3) “Roma en Jerusalén ,”Utrecht, 1851.

   

Bernstein, A. 1999. Jewish Witnesses for Christ. Jerusalem: Keren Ahvah Meshihit.